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Sirens....

por Dumath
lunes, 22 de diciembre del 2008 a las 04:52
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 Las voces seguían bajando, pero, cuando decayeron, resulta que la ciudad se alejó, se deshizo, titubeante con una estrofa; los minaretes, las palmeras delgadas se desdibujaron; la escalera se desplomó; tras los jardines, terrazas descoloridas transparentaban el mar y la arena. Era un espejismo desaparecido que palpitaba a merced de un canto. Cesó el canto; se acabó el encantamiento y también la ciudad ilusoria. Nuestro corazón, atrozmente encogido, había creído que se oía morir.

»Apenas una pizca de visión que danzaba aún sobre un trino, silbido de hálitos... y entonces las vimos, acostadas sobre las algas; dormían, conque huimos, tan trémulos, que apenas podíamos correr. Por fortuna, estábamos muy cerca del navío; lo divisamos detrás de un promontorio: lo único que los separaba de las sirenas. ¡Qué peligro no habrían corrido, si hubieran podido oírlos! Y no nos atrevimos a gritar hasta estar ya muy cerca de ustedes, por miedo a despertarlas. No sé qué camino debimos de seguir la víspera para haber avanzado tan poco; ahora creo que caminamos sin movernos del sitio y que aquellas colinas móviles que se desplazaban bajo nuestros pasos, aquella meseta, aquel valle, eran ya el efecto del encantamiento de las sirenas.

Entonces se pusieron a discutir sobre cuántas eran y se maravillaron de haber escapado a sus ardides:

-Pero, decinos -dijo Odinel-, ¿cómo eran?

-Estaban tumbadas sobre las algas -dijo Agloval- y su brillante cabellera, que las cubría por entero, verde y castaña, parecía hierbas del mar, pero corrimos demasiado rápido para verlas bien.

-Tenían manos palmadas -dijo Cabilory sus muslos, de color acero, relucían, cubiertos de escamas. Yo huí, porque sentí pánico.

-Yo las vi como aves -dijo Paride-, como inmensas aves marinas de pico rojo.

¿ Verdad que tenían alas?

-¡Oh, no! ¡No! -dijo Morgain-. Eran igual que mujeres y muy hermosas. Por eso, huí.

-Pero su voz, su voz, dígannos, ¿cómo era su voz? (Todos deseábamos haberlas oído.)

-Era -dijo Morgain- como un valle umbrío y como el agua fresca para los enfermos.

Después cada cual habló de la naturaleza de las sirenas y de sus embrujos; Morgain guardó silencio y comprendí que añoraba a las sirenas.

 Aquel día no nos bañamos por miedo de ellas.

 André Gide

El viaje de Urien (1893)

Existencia

por Dumath
lunes, 22 de diciembre del 2008 a las 04:41
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Necesitaba existir, y moverse hacia adelante, hacia los mayores riesgos posibles, y con los más mínimos elementos. Si el espíritu absolutamente puro, sin cálculo, ideal de la aventura, había tomado posesión alguna vez de un ser humano, era de aquel joven remendado. Casi sentí envidia por la posesión de aquella modesta y pura llama....

 Joseph Conrad     "El corazón de las tinieblas"

Juventud

por Dumath
lunes, 22 de diciembre del 2008 a las 04:39
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La juventud no está en ir al cirujano para que te saque los pellejos que te sobran. Eso es la apariencia, y en la apariencia está bien que se note el paso de los años -dice-. Uno se mantiene joven de verdad siempre que pueda asombrarse de cosas pequeñas. Cuando estamos en medio del concierto con el quinteto hay frases de alguno de los músicos que me dan una sensación de enorme ternura, mucho más allá de las proezas instrumentales. Me asombro cada noche de una nota, de un arreglo, incluso. Además, como autodidacta, soy un improvisador y nunca toco la misma pieza de la misma manera. Siempre aparece una imagen, un rostro, una idea, y cada una de estas cosas supone un sentir diferente y determina si empiezo el tema con un bajo grave y fuerte o con una nota mas lánguida.Yo toco chamamé con el espíritu del jazz.

 Raúl Barboza

Algunas lineas

por Dumath
viernes, 04 de abril del 2008 a las 04:52
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I

Todos somos huérfanos del pasado. Aprendemos a vivir a la sombra de la memoria, mientras deambulamos por este difuso y ajeno presente, que en realidad es un estado de exilio. Pero algunos no se resignan, y procuran dejar testimonio de su travesía por más corriente que haya sido su existencia, más aún si mediante esos anales también salvamos del olvido las cosas que amamos.

II.

la mujer, que hoy no es sierva, pero que tampoco es liberada como nos creímos en los sesenta, con el invento de la píldora, el amor libre, etc.. Ahora no somos ni siervas ni liberadas, somos sobrecargadas. Porque tenemos que pensar en que la heladera debe estar llena y a la vez hay que estar linda, hay que trabajar y hay que estudiar.

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